El pez de la discordia

Los especialistas coinciden en que la cría de especies de agua dulce es una necesidad mundial, pues la pesca marítima llegó hace años a su límite. Por ello no es errado comercializar Clarias como alimento siempre que se tomen medidas para no dañar el ecosistema

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El Claria ha suscitado rechazo entre no pocos cubanos. Incluso aquellos que gustan de llevar el pescado a la mesa.

La idea de que "come todo lo que encuentra" y de que «puede salir del agua a saciar su apetito voraz», ha corrido como rumor popular.

Sin embargo posee un alto valor proteico, calórico, así como rico en hierro y vitaminas A y B. Su fea apariencia cilíndrica y bigotes se convierten luego en una masa de carne blanca y sin espinas, de buen sabor.

Sin embargo no es del todo desacertado afirmar que se trata de un gran depredador. En su medio natural se alimentan de restos de animales, plantas, algas, plancton y cuanto se les aparezca, pues tienen un apetito insaciable.

Los especialistas coinciden en que la cría de especies de agua dulce es una necesidad mundial, pues la pesca marítima llegó hace años a su límite. Por ello no es errado comercializar Clarias como parte del alimento para el cubano, siempre y cuando se tomen medidas para su cultivo que no dañen el ecosistema.

La bióloga Doris Millares Dorado, especialista en el trabajo con esa especie, asegura que el cultivo de Clarias no es un «invento cubano», pues lo realizan más de 30 países.

«Procedente de África, reporta una amplia distribución geográfica, que abarca Europa y Asia», precisó. «Existen diferentes especies, entre las que se destacan Clarias macrocephalus y Clarias gariepinus, ambas introducidas en Cuba desde Malasia y Tailandia.

«Tienen características ideales para el cultivo, por su rápido crecimiento en aguas cálidas con altas densidades de siembra, elevado rendimiento, fácil adaptación, resistencia a condiciones ambientales adversas y eficiente conversión del alimento consumido en masa muscular.

«Se dicen muchas cosas de la Claria debido a su capacidad de respirar fuera del agua. Lo cierto es que es muy rústica, y nos ha permitido, gracias a su cultivo en condiciones intensivas, alcanzar volúmenes muy altos, de 72 kilogramos por metro cuadrado».

—¿Es cierto que comen cualquier cosa?

—En su estado natural sí. Pero la que llega al mercado para el consumo humano es cultivada bajo condiciones de hábitat controlado en estanques y con una alimentación específica.

«Se les suministra una alimentación balanceada desde el amanecer. Siempre a las nueve de la mañana se priorizan los desechos alimenticios de la pesca y las otras tres comidas, a las once, a la una de la tarde y a las cuatro se les da pienso.

«Según normativas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, se protege la diseminación de la especie por ser altamente invasiva, pero cuyo cultivo controlado, puede rendir muchos frutos y constituye alternativa alimentaria ante el agotamiento de nuestras plataformas marinas, además de que permite reducir importaciones.

El Centro de Preparación Acuícola de Mamposton, en la provincia de La Habana, es uno de los lugares del país donde se cultiva la Claria.

El médico veterinario Dariel Bocourt explicó que, para lograr los alevines se seleccionan progenitores maduros y se induce el desove de la hembra a fuerza de compresión.

«Al macho lo sacrificamos para tomar su material genético. Juntamos las células y el resultado lo depositamos en un estanque que contiene una malla. Días más tarde se visualizan las crías. En cada estanque de 4,5 metros cuadrado podemos obtener 60 000 ó más.

«Antes la cosecha se hacía a los 35 días. Eso traía como consecuencia que la supervivencia era del cinco al diez por ciento. Ahora decidimos acortar el período a 20 días y los resultados son superiores.

"Desde que se comenzó a cultivar la Claria en Cuba a finales de la década de los noventa empleábamos un alimento húmedo que afectaba la calidad de su hábitat. Con este programa suministramos nutrientes secos, con un 45 por ciento de proteína.

«Luego de permanecer aquí pasan al área superintensiva, donde alcanzan su talla comercial de 500 a 800 gramos».

Introducida en el país en 1999, su cría actual en estanques registra altos volúmenes de captura y bajo costo, lo que ha permitido diversificar la oferta de pescado fresco a la población.

El Ministerio de la Pesca ha establecido un control en su captura y manejo, para evitar daños al equilibro biológico, mediante su cría intensiva en estanques cerrados y bajo estrictos controles de seguridad biológica, donde los ejemplares son alimentados con pienso y desechos de la pesca.

De ahí que no hay que dudar a la hora de llevarlo a la mesa. En filetes, empanada, en enchilado o rebosado, es un exquisito manjar.

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Fuente: EXCLUSIVO,
05/07/10

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